domingo, 3 de agosto de 2014

Cuando el abuelo no pinta ya nada

Jordi Pujol
Ayer publicaba una entrada en la que daba cuenta, sin entrar mucho en detalle, sobre una de las que ha sido la noticia de la semana: el escándalo de lo defraudado por Jordi Pujol. Hoy quiero retomar el tema pero desde un punto de vista distinto e intentando, esta vez sí, ofrecer algo más que la simple constatación de hechos.

Cuando el pasado 25 de julio el entonces aún Molt Honorable Jordi Pujol i Soley reconocía en un artículo de un periódico que había ocultado una no muy pequeña fortuna de las garras del fisco durante más de treinta años las especulaciones no se hicieron esperar. Corrieron ríos de tinta intentando dilucidar qué motivos había detrás de tal confesión y de cuanto dinero estábamos hablando, dos especulaciones muy pertinentes y hasta legítimas si me preguntan, pero hubo otras que, aún siendo esperadas, están fuera de lo que la realidad y la lógica nos dicen.

¿Y por qué digo esto? Por los tiempos que corren y el momento en el que se hace dicha confesión, a sólo unos días del esperado encuentro en Moncloa entre Mariano Rajoy y Artur Mas en el que, supuestamente se iba a hablar del desafío soberanista en forma de referéndum que el segundo propone y el primero no desea.

De este encuentro poca gente espera nada en absoluto más que los titulares de rigor. Es bien sabido que Rajoy destaca por la inacción y el enrocamiento, con lo que cualquier negociación es harto difícil, y Mas está en una situación en la que no puede desdecirse del desafío sin descalabrarse políticamente en todos los frentes, por lo que estamos ante un mero trámite de cara a las respectivas galerías. Aún así no deja de sorprender la "confesión" ya que estorba la estética del proceso y lo contamina aunque sin razón.

Como era de esperar los medios de comunicación proclives al no independentismo y los partidos políticos de tendencia unionista usaron la situación para embrutecer el proceso abierto. Lo primero que oímos de estos medios fue que el independentismo estaba tocado de muerte, que con lo de Pujol se invalidan todos los argumentos a favor de un secesionismo. Ambos argumentos, entre otros, son falaces y faltos de realismo.

De entrada no niego ni por un momento la condición de símbolo catalán al señor Pujol, pero otra cosa es arrobarle con el peso del independentismo completo por dos sencillas razones:
  1. Hasta hace muy poco tiempo Jordi Pujol no era independentista
  2. El independentismo es muy anterior a Jordi Pujol y siempre ha existido al margen de la persona y del símbolo que se le atribuye
Lo primero está claro, hasta hace poco recordábamos a Pujol diciendo eso del "Ara no toca" cada vez que un medio o un partido le preguntaba por el nacionalismo. La política pujoliana se mantenía en un equilibrio entre el regionalismo de sus socios de federación y el tímido independentismo de algún sector de Convergència Democràtica de Catalunya exhibiendo un pragmatismo medido destinado a desactivar extremos dejándolos en la recámara como aviso a navegantes.

Por otro lado CiU no se ha definido como soberanista hasta, también, hace muy poco haciendo difícil entender que todo el futuro nacionalista pase por esta formación. Por ende la situación política de uno de sus exintegrantes no se antoja, a priori demasiado determinante. Y cabe dejar esto muy claro, el independentismo ya no obedece a siglas concretas, en realidad nunca lo ha hecho, es un sentimiento ciudadano muy extendido por multitud de razones y con una infinidad de expresiones, y esto en Catalunya, por lo general, es algo que se entiende muy bien: no hay líderes políticos ni de otro tipo que sean puntales del independentismo catalán del siglo XXI, y digo en general porque Alicia Sánchez-Camacho, Albert Ribera y los acólitos de ambos aún no lo han entendido.

Desde fuera de Catalunya el independentismo goza de una prensa, en el mejor de los casos, sesgada, muy influenciada por los sectores contrarios a ella, por eso es fácil caer en los estereotipos y personalizaciones. Los motivos de cada uno para hacerse independentista son diversos, pero no suelen pecar de falacia ad hominem por lo que las dificultades del señor Pujol no se tienen que traducir en dicultades sobre el proceso por mucho que desde algunos sectores se repita. Por ello y mal que le pese a los que hoy gritan contra un sospechoso de corrupción y evasor declarado el nacionalismo catalán seguirá su marcha como hasta ahora, a su ritmo y con sus propios argumentos.

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