viernes, 11 de septiembre de 2015

11 de setembre de 2015

Una vez más, y como cada año lo primero que toca es un dementido: hoy no se celebra nada en Catalunya, no es una fiesta, el once de septiembre se conmemora una derrota, sufrida por los ejércitos que defendían la ciudad de Barcelona en nombre de sus instituciones y en defensa de la corona sobre un austria, Carlos frente a las tropas, mayormente inglesas y comandadas por James Fitz-James Stuart, primer duque de Berwic y al servicio del pretendiente Felipe d'Anjou, futuro Felipe V.

"Seréis raros los catalanes al conmemorar una derrota... Hay que celebrar victorias, ¿acaso no tenéis?"

Tenemos, claro que tenemos, pero de lo que se trata aquí no es de celebrar ni de recordar glorias pasadas (bueno algo sí, pero de otro modo). De lo que se trata es de reivindicar un estatus en el que las instituciones catalanas eran soberanas, y aquí alguien dirá "Pues no, porque había rey español y España estaba unida desde los reyes católicos". Pues lo siento pero no, lo que se unió con Isabel y Fernando fue la dinastía regente, pero los reinos mantuvieron fueros, cortes y leyes de forma independiente hasta que la guerra de sucesión aplanó el terreno apelando al derecho de conquista.

Y aquí sí quiero hacer un alto que me gustaría que representara el leitmotiv del post. En Catalunya siempre se ha hablado de guerra de sucesión. Uno puede estar de acuerdo con la actuación de paisanos que vivieron hace trescientos años, pero es lo que fue una guerra para dirimir quien calzaba la corona que dejaba vacante Carlos II el hechizado. Y remarco esto porque, como tantas otras veces, este año ha habido que responder a aquellos que acusaban de manipulación a los catalanes porque llamábamos guerra de secesión a dicha contienda, Falso, falso y mentira, NUNCA se ha llamado así en Catalunya (en alguna mente enferma no sé) y fue una guerra en la que, como en todas, había orígenes diversos en mayor o menor medida en ambos bandos, pero que tras la cual indudablemente fueros, leyes y cortes catalanes fueron suprimidos (también los de Aragón, Mallorca, Valencia, Granada...).

Los catalanes también sabemos, y no necesitamos que nos saquen de nuestra ignorancia, que la sardana es un invento del s.XIX, que el tió es una tradición de origen pirenaico (también del pirineo oscense, no tenemos la exclusiva, gracias), que el tomate que tan alegremente restregamos en el pan es producto americano y que Jordi Pujol ha estafado a todos, catalanes y no. Esto es un simple resumen del por qué no es necesario que nadie intente salvarnos de tanta manipulación histórica. Catalunya es nación, nunca fue reino y la palabra principado es de origen latino (del romano) que significa "principal" sin que su origen esté radicalmente claro, unos lo asocian al deseo frustrado de Ramón Berenguer III de ser monarca, otros a la característica del primum inter pares que otorgaba primacía al conde de Barcelona sobre otros (que sí, que el lema es romano, que ya lo sabemos) y dos o tres explicaciones más.

Ah, por cierto, la leyenda en la que el emperador franco moja la mano en la herida de Guifré para darle un escudo, bla, bla, bla... también es falsa. No nos remitáis más tratados, lo sabemos, es mentira. Es una fábula aprecida en el siglo XVI probablemente copiada de una historia de origen andaluz aparecida en el siglo anterior.

Tampoco necesitamos que nos digáis que el independentismo es un invento de Artur Mas para tapar sus vergüenzas y huir hacia adelante. Cierto es que la adscripción de Mas al catalanismo militante es novedosa y despierta recelos (yo no estoy seguro de ello) y que desde CDC se usa para desviar la atención de hechos gravísimos como son los escándalos Millet, Palau, 3%, ITV y un largo etcétera, pero ello no puede deslegitimar un proceso y unos ideales que surgen en el s.XIX, como todos los nacionalismos europeos, con el romanticismo. Lo que sí podemos decir los catalanes es que sabemos del momento en el que ese sentimiento nace  y de su detonante: la publicación de Oda a la Patria de Bonaventura Carles Aribau en 1833, concretamente el 24 de agosto, un canto a la patria lejana (Aribau vivía en Madrid) escrito el año anterior. En ese momento se comienza a gestar la Renaixença, una suerte de romanticismo a la catalana en el que, como en toda Europa, se redescubre la cultura clásica y se enfatiza el sentimiento nacional. Es en este contexto en el que se empieza a hablar ya de nacionalismo desde un prisma moderno recogiendo las reivindicaciones surgidas tras el 1716 y su nefasto Decreto de Nueva Planta. Aunque es el principio del s.XX cuando se establecen las bases inspirándose en los hechos de pascua en la Irlanda de 1916.

En resumen y lo que quiero decir. Motivos para ser independentista hay muchos, tantos como razones para rebatirlos, pero son cuestiones personales, que inciden en lo que cada uno considera mejor, peor o más importante. Por ello lo fundamental es que se pueda generar el debate en términos de respeto y que se pueda votar, que la democracia hable y el pueblo decida, no tiene que darnos miedo nada. Lo que realmente enturbia este proyecto es que se hable de represión si no nos atenemos a las leyes como hace el partido menos popular de Catalunya, normalmente las leyes deben adaptarse al ciudadano y no al revés (y muchas veces se cambian gracias a la oposición o simplemente a no cumplirlas, Rosa Parks por ejemplo) mucho más entorpece resucitar debates afortunadamente superados en los que se hable de legitimidad o diferencia según apellido u origen, hace tiempo que los catalanes nos cortamos coleta en ese sentido.

Una gran parte de catalanes quiere separarse de España, otra quiere seguir como ahora y aún hay un tercer grupo que quiere seguir unidos pero de otra forma. Pues que se vote, ¿tenemos miedo a la democracia o a que el resultado no nos favorezca? Votemos y sepamos en qué punto estamos para dejar de hacer el gilipollas todos.

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