viernes, 15 de febrero de 2013

¡¡Corre, corre, que se acaba el mundo!! (o no..)

Caída Meteoroide
Meteoroide caído hoy en los Urales
Quizá el título pueda parecer algo exagerado, pero ¿quien dice que no hay algo de cierto en él? Hoy viernes 15 de febrero, a eso de las ocho menos cuarto de la tarde/noche un asteroide del tamaño de medio campo de fútbol pasará a sólo 27.300 km. de la superficie terrestre. Parece mucho, pero es menos de la décima parte de la distancia de la Tierra a la Luna, y es por debajo de lo que están muchos satélites artificiales, como el famoso Hispasat. Pero no hay que preocuparse, la NASA, ha confirmado el no impacto de dicho objeto contra la superficie terrestre (aunque, claro está, si dicho objeto fuera a chocar contra la Tierra no creo que lo fuera a admitir nadie, no sea que nos pongamos nerviosos). Para muestra los que sí han impactado esta mañana en Rusia, a esos nadie los esperaba.


Debido a noticias de este tipo tampoco es de extrañar que levantemos los ojos al cielo y, tras unos momentos de nerviosismo, nos dejemos llevar por la tranquila inmensidad del espacio. Si levantamos los ojos cualquier noche veremos un enorme vacío salpicado de estrellas aquí y allá en medio de una placidez y una creciente sensación de comunión con el universo. Si en lugar de observar dicha inmensidad desde nuestras ciudades lo hacemos desde algún sitio alejado de la contaminación lumínica, el cielo se convierte en un espectáculo de belleza indescriptible, estrellas, estrellas y más estrellas entre nebulosas y galaxias, en una mezcla infinita. Pero si lo pensamos... la realidad es que la placidez de dicho espectáculo dista mucho de ser real.

Para empezar, cada puntito de luz que vemos es, en realidad, una enorme y violentísima explosión nuclear de miles de millones de años de duración a varios miles de grados de temperatura en su zona más fría. Nosotros vivimos en una zona externa de nuestra galaxia, un vecindario poco concurrido y relativamente tranquilo. Cierto que de vez en cuando algún meteorito nos da algún susto, o nuestro sol amenaza con un lametón de los suyos. Pero nada comparado con el interior de nuestra galaxia ciudad: Enormes estrellas compitiendo por su espacio, gravedades aplastantes, chorros de plasma y fuerzas incalculables pugnando por separar o aplastar nuestros átomos a partes iguales. Y en todo el centro un fastuoso agujero negro ávido por acumular todas nuestras posesiones, incluidos nosotros.

Hace tiempo que fantaseamos con explorar nuevos mundos, con viajar por el espacio, pero, realmente, es un lugar muy inhóspito. Nosotros, de momento, no podemos ir a verlo, pero, afortunadamente y de vez en cuando, el espacio nos viene a visitar a nosotros.

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