sábado, 23 de febrero de 2013

"¡Se sienten, coño!"

Releyendo el anterior post me he dado cuenta de su incompleción. No parece estar en la misma línea que este autor pretende seguir. Quizá la prisa por llegar a tiempo a la efeméride unido a lo intempestivo de las horas de redacción ha facilitado la brevedad del artículo.
"¡Quieto todo el mundo!"
Parémonos un momento a pensar. ¿Por qué es tan importante un golpe fallido? Pues por dos razones, la primera los motivos que lo propician y la segunda es que quizá no falló tanto.

Motivos

Aparentemente es un respuesta sencilla: quien ideó y planeó el golpe era un nostálgico contrario a la democracia que pretendía llevar al estado a épocas anteriores con o sin el beneplácito de la corona.

Es en esta categoría en la que se suele circunscribir a Antonio Tejero, de hecho tres años antes ya había dejado patente su deseo de involución. Pero hay muchos más implicados que coincidirían con esta descripción.

¿Por qué?

Pues porque no se puede pretender que una generación nacida y criada en un régimen político restrictivo y educada en la no tolerancia de la diversidad, respete y se someta a la democracia en poco tiempo, máxime si quien debe someterse ostenta un cierto grado de poder. Cabe decir que sí, que élites militares de pasado abiertamente franquista tuvieron la capacidad de adaptación necesaria como para adaptarse a la nueva realidad más allá de la simple obediencia debida, como es el caso de Gutierrez Mellado, el mencionado en el otro post Sabino Fernández Campo (aunque ambos con limitaciones en cuanto a su apertura) o los fundadores e integrantes de la UMD. Por lo tanto parecería injusto inferir que las fuerzas armadas en pleno secundaran el golpe o estuvieran dispuestas a atacar a la población civil.

De sobras es conocido que la mayoría de militares de base movilizados lo fueron con excusa de maniobras o sin explicación puesto que lógico es pensar que una traición manifiesta, como es un golpe de estado, no fuera de dominio público. Tampoco nos haremos ilusiones, el montante de altos cargos imputados demuestra el grado de insatisfacción de muchos de los integrantes de la cúpula militar aunque la mayor parte de capitanes generales aducieran enterarse del golpe por la prensa o por llamadas personales minutos después de producirse el ataque. Aunque esto nos da dos lecturas, una en la que mienten y lo sabían, al menos los que llegaron a participar, y dos, quien organizara el golpe no necesitó ponerles sobre aviso y confió en su adhesión en cuanto se conociera el hecho. Personalmente encuentro más lógica y plausible la segunda.

En cualquier caso lo motivos principales los podemos encontrar en la pérdida de poder de un élite y a su resistencia a los cambios. Unámoslo a una educación que rechazó de plano la evolución cultural e ideológica y que prefirió criar acólitos a enseñar a pensar y tomar decisiones propias (no se me entienda que  ningún educado por el franquismo supo nunca pensar, pero sí está claro que los estímulos y pensamientos críticos debía buscarlos fuera del currículo establecido).

Tampoco podemos pensar que el odio irracional al cambio fuera el único acicate del golpismo, cabe pensar en aquellos bienintencionados que al más puro estilo salvapatrias e inspirados en un mal disimulado despotismo, ilustrado, claro, creyeron que todo era un parabién.

¿Por qué no falló?

Pues como ya apuntamos en el comentario anterior existe una clara tendencia a considerar como fin último de los organizadores golpistas el dar un toque de atención a la democracia, el inducir el temor al cambio radical en la sociedad y, en última instancia, afianzar el papel de la corona.

Las dos primeras proposiciones son claras. La misma élite política y militar que no veía con buenos ojos la democracia, se contentaría con dejarla manca y coja (tuerta ya lo venía siendo). La puntilla había sido la legalización del Partido Comunista y de partidos abiertamente independentistas como ERC o PNV-EAJ. La separación iglesia-estado sancionada por la constitución del 78 tampoco había caído bien en los sectores más conservadores. Por todo ello un amplio sector veía con buenos ojos el nuevo camino sólo si se modificaban las reglas del juego, acercándolas lo más posible al statu quo pretérito. Los impulsores de tal voluntad cercenadora se servirían de los más retrógrados para su propósito, los motivos obvios, ya habían dado muestras de voluntad golpista y estaban organizados alrededor de centros de poder establecidos, esto es, presencia importante en las fuerzas armadas.

¿Y como encaja el afianzamiento del poder de la corona?

Una cuestión sencilla. Juan Carlos I era el heredero político, declarado y confirmado del franquismo. Juró los principios del movimiento al ser coronado y no abjuró de ellos en ningún momento (y sigue así). Tales principios le reservaban amplias prerrogativas y facultades, además perpetuaba el poder de militar al serlo él de carrera. La constitución, en cambio, recortaba el poder de la monarquía hasta dejarla como un mero testimonio representativo de una entelequia. El poder ahora era civil, como civil era Adolfo Suárez, el artífice de la democracia, de la legalización del PC, de la secularización del estado y del advenimiento de las libertades jurídicas, sociales e individuales. Se veía venir la modernez europea y americana y eso era algo que no podían permitir los herederos de la tradición de raza y casta de tan rancio abolengo.

La solución pasaba por quitar de enmedio a Suárez (incluído en esto su sucesor Calvo-Sotelo), devolver la presidencia del gobierno y del estado al rey y a sus delegados directos. Y todo esto debía ser posible porque Alfonso Armada (el ideólogo final, o inicial, según se mire) era amigo personal del rey y ex-secretario suyo. Creía que podría dirigir al monarca como había hecho antaño, mientras fue su protector. La ventaja del plan era que fuera cuel fuese el resultado siempre ganaba la corona. De hecho Armada aún se jacta de saber que los capitanes generales sublevados seguirían al rey fuera cual fuese su posición por un principio de lealtad castrense. Por ello Armada asegura que el golpe de estado fue un éxito puesto que la figura del rey quedó reforzada.
Comparecencia en TVE del rey

Esto sería cierto sólo a medias. Ulteriores investigaciones han demostrado que Armada intentó, sin éxito entrar en la Zarzuela, también se ha demostrado que a todo el que le escuchaba le repetía que el rey estaba detrás de todo (punto no demostrado a día de hoy) y que al no conseguir entrar en el centro de mando intentó negociar con Tejero en el congreso. La finalidad era postularse, sin que se notara demasiado, como presidente de un gobierno de transición que promoviera las reformas antes descritas. No tuvo éxito en ninguna de sus gestiones por lo que sus ansias de poder no quedaron colmadas. (Malas lenguas aseguran que el desencadenante fue su destitución como secretario del rey a instancias de Suárez.) 

En todo este asunto lo que más da que pensar es en la cantidad de indultos concedidos a la cúpula conspirativa pocos años después de ser condenados (Armada sólo cumplió cinco de los treinta años a los que se le condenó), malos pensamientos nos dirían que el poder establecido tenía asuntos pendientes con ellos.

En cualquier caso el golpe (o los golpes) de estado del 23 de febrero de 1981 es un episodi muy oscuro y complejo del que nunca ha interesado llegar hasta el fondo y cada vez es más difícil hacerlo. Confluyeron en un único punto demasiados intereses y objetivos, demasiadas tramas y demasiadas decisiones iguales por diferentes motivos. El 23F es, sin duda, una herida cerrada en falso, otra.

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