miércoles, 14 de noviembre de 2012

14N

Comunismo vs. capital
Hoy es 14 de Noviembre, jornada de huelga general. Pero, ¿por qué? ¿Qué se pretende conseguir? ¿Es útil una huelga a estas alturas?

Resulta complicado elegir el motivo principal de la convocatoria de la segunda huelga general en lo que va de año, de hecho, uno de los lemas es: "Porque nos sobran los motivos". Principalmente la huelga se plantea como una jornada de protesta contra la política de recortes y ajustes del gobierno. También se plantea como una lucha contra los nuevos modelos a aplicar tanto en sanidad como enseñanza. En ambos casos parece que el gobierno ha adoptado una deriva neoliberal en las que la calidad de ambas se mide en la eficiencia económica directa, es decir, sólo funciona si da beneficios económicos.

Por otro lado nos encontramos con aquellos que no secundan la huelga. No debemos confundirlos con aquellos que no están de acuerdo con sus planteamientos. O sea que entre los que no secundan la huelga podemos encontrar dos grandes grupos: por un lado los que no están de acuerdo con sus planteamientos, modos, fechas o convocantes y lo que aún estando de acuerdo con ella se encuentran en la tesitura de no poder, por los motivos más variopintos, concordar sus opiniones y sus actos.


Por qué sí o por qué no

Quizá lo primero es plantearse qué es o para qué sirve una huelga. Según la RAE en la acepción que nos interesa:
 2. f. Interrupción colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar ciertas condiciones o manifestar una protesta. Huelga ferroviaria. Huelga indefinida.
 Y en concreto sobre huelga general:

1. f. huelga que afecta simultáneamente a todas las actividades laborales de un lugar.
 Por lo tanto podemos hablar de huelga cuando no se va a trabajar como protesta. Y si, además, se extiende entre gentes de diversas profesiones y diferentes lugares de trabajo entonces hablamos de huelga general.

Vale, pero de qué sirve. Bien, las huelgas suelen ser uno de los últimos recursos empleados en las reivindicaciones laborales. Cierto es que pocos recursos hay más aparte de las consabidas reuniones y comisiones, y además que cumplan con la legalidad estricta. La huelga se resume en dos significados prácticos. Primero es un pulso entre empleados y empleadores o, como hoy, legisladores; y segundo, es un ejercicio de colectividad y de afirmación de sentimientos de clase.

Una vez sabido todo esto:

¿por qué debemos secundar la huelga o no secundarla?

En realidad se puede plantear como dos visiones del progreso social más allá de los motivos de convocatoria concretos.

Por un lado está la visión tradicional o neoliberal (paradoja) en la que la sociedad se divide en dos grupos básicos (sí ya sé es una simplificación demasiado simplificada, pero como explicación funciona y puede extrapolarse a organizaciones sociales más complejas). Sigamos; los dos grupos son el de ciudadanos favorecidos económica, social y políticamente, y el que lo está menos. El trasvase de uno a otro sólo debe realizarse tras un intenso esfuerzo profesional, personal y de trabajo social. La promoción se hará si se consiguen padrinos suficientes que garanticen la nueva posición, y éstos se consiguen por afinidad familiar, amigos comunes, "ganarse el puesto" (a base de esfuerzo o de cepillar levitas, claro) o un golpe de efecto que te coloque en el lugar oportuno en el momento justo en el que mira quien manda.

Y luego está el sistema progresista o revolucionario. Plantea divisiones sociales similares, pero con una mayor permeabilidad entre ellas, también a base de esfuerzo, pero con un componente de solidaridad inexistente en el anterior caso. En este tipo de sociedad se establecen mecanismos de protección para los más desfavorecidos en forma de subsidios, subvenciones y pensiones. Para que este sistema funcione correctamente es necesario un sistema impositivo que garantice el reparto de riqueza, además de legislación y educación suficiente para evitar el parasitismo.

Evidentemente entre los dos extremos hay muchas categorías de gris, pero en esencia son los grandes rasgos de la división política actual: la derecha y la izquierda; la oligarquía y el socialismo.

¿Y eso qué significa?

En este caso la disyuntiva es clara: Europa propone unas políticas liberales orientadas a la excelencia situando en manos privadas todos los servicios públicos con cada vez menos control de los estados sobre las corporaciones privadas; y ello choca con los éxitos acumulados durante el s.XX en la mayor parte de Europa en forma de derechos civiles y laborales y del acercamiento al llamado estado del bienestar en el que, previo pago de impuestos, el estado se encarga de proporcionar asistencia sanitaria, escolar y social, garantizando a todos los que lo necesiten la posibilidad del esfuerzo para medrar en lo personal.

Diversos sectores han identificado claramente la ideología social subyacente en las políticas de ajuste y económicas elegidas por el gobierno y se han posicionado.

Entonces si la duda está resuelta, sólo te queda elegir: ¿en qué sociedad quieres vivir?

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